Cuando el hombre olvida a Dios; Análisis de 1 Reyes 11, 1-13
Cada uno de nosotros ha prometido a Dios cumplir diferentes cosas; metas personales, profesionales, incluso espirituales. En esta ocasión les presento una breve exegesis sobre el texto de 1 Reyes 11, en donde vemos a Salomón y como su relación con Dios se ve afectada por olvidar lo que una vez prometió a Dios.
El texto bíblico nos narra que el rey Salomón amó a muchas mujeres extranjeras; 1,000 en total. Estas mujeres lo alejaron de Yahvé y lo llevaron a adorar a sus dioses, incluso edificando altares. Dios se enojó con él, pues, a pesar de haberle advertido en dos ocasiones, el rey Salomón no hizo caso. Como consecuencia de esto Dios le dijo que le quitaría una parte de su reino, después de su muerte, por atención a su padre David.
Salomón es presentado en este texto como un rey enamorado de muchas mujeres extranjeras y así continuo hasta su ancianidad. Al hablar de las mujeres, se habla de 1,000, es decir, una multitud y estas con diversidad de cultos. El rey David es mostrado como una persona que nunca alejó su corazón de Dios. Puedo ver dos características en la relación de Salomón con sus 1,000 esposas; la primera es el amor que siente Salomón por ellas y la segunda es la manipulación de las esposas a Salomón, pues lo llevan a abandonar su culto.
Este texto bíblico es dirigido al pueblo de Israel, que fue exiliado y
cautivo en Babilonia. Son evidentes varias problemáticas: el matrimonio con
mujeres extrajeras y de otra religión, la soberbia frente a la corrección
divina, sobre todo a guardar la Alianza y por supuesto, la falta de amor
por las grandes figuras en la historia del pueblo que son ejemplo de relación
integra con Dios. Por otra parte, mantener, amar y unir son los
verbos más relevantes, todos usados en tiempo pasado. Las frases “como el
corazón de David” y “un corazón entero para Yahvé Dios” son bastante
reiteradas en el desarrollo de este texto.
Anuncio – Pecado – Consecuencia – Promesa, es el hilo conductor presente en este texto, el cual es típico del género cronista al cual pertenece. Veámoslo más a detalle:
- Anuncio: advertencia de Dios a Salomón ante las
consecuencias de casarse con mujeres extranjeras.
- Pecado: matrimonio de Salomón con las mujeres y la
adopción de su culto.
- Consecuencia: división del reino.
- Promesa: Dios en memoria de David, promete no permitir que el reino se divida por completo, sino una porción.
Las palabras más utilizadas en este texto son: amó, corazón, mujeres,
unió y mantener.
El reinado de Salomón (momento histórico en el que se desarrolla lo relatado en el texto) puede considerarse como el periodo histórico de mayor esplendor en la historia del pueblo de Israel; en él se aumentó el poderío militar y amistad con otros reinos de sus alrededores. Es un tiempo de desarrollo político abundante y mayor al de sus antecesores David y Saúl. Salomón al iniciar su reinado había pedido: “Concede entonces a tu servidor un corazón dócil, para juzgar a tu pueblo, para discernir entre el bien y el mal» (1 Re 3,9). En cambio, la redacción del libro del Primer libro de Reyes data del siglo V (560 y 540 a. c.) es decir, el momento en el que, el pueblo luego de ser exiliado, cautivo y sobre todo impedido de vivir según la Alianza que se les había enseñado, está cerca su retorno por el edicto del rey Ciro, en el que se autorizó que les dejara volver a Jerusalén. El libro de Esdras nos habla de una problemática existente en ese pueblo que retorno y es la de que se casaron con mujeres extranjeras, es probable que este texto haya surgido como advertencia a este problema social y religioso del pueblo.
La negativa legislativa ante el matrimonio con mujeres extranjeras es
planteada en varios pasajes bíblicos de escritos bíblicos anteriores y
posteriores a 1 Reyes. Veamos algunos de estos:
- En Deuteronomio 7,1-6 se plantea que, ante el contacto del pueblo con gente de otro culto, la actitud debe ser de rechazo, pues acogerlas implicaría tarde o temprano renunciar a Dios, ser santo (lo que quiere Dios del pueblo) se entiende como ser separado. Ante el contacto del pueblo con gente de otro culto la actitud debe ser de rechazo, pues acogerlas implicaría tarde o temprano renunciar a Dios, ser santo (lo que quiere Dios del pueblo) se entiende como ser separado: «Cuando Yahvé tu Dios te haya introducido en la tierra donde has de entrar para tomarla en posesión, y haya expulsado de delante de ti a muchas naciones (heteos, gergeseos, amorreos, cananeos, ferezeos, heveos y jebuseos: siete naciones mayores y más fuertes que tú)… no harás pacto con ellas ni tendrás misericordia de ellas, ni te emparentarás con ellas: No darás tu hija a su hijo, ni tomarás su hija para tu hijo, porque desviará a tu hijo de en pos de mí, y servirá a otros dioses, de modo que el furor de Yahvé se encenderá sobre vosotros y pronto os destruirá. Ciertamente así habéis de proceder con ellos: Derribaréis sus altares, romperéis sus piedras rituales, cortaréis sus árboles de Ashera y quemaréis sus imágenes en el fuego. Porque tú eres un pueblo santo para Yahvé tu Dios».
- Éxodo 34, 10-16, entiende por su parte que relacionarse con mujeres extranjeras es prostituirse: «Ciertamente derribaréis sus altares, romperéis sus imágenes y eliminaréis sus árboles rituales de Ashera. No te postrarás ante otro dios, pues Yahvé se llama Dios Celoso y lo es. No sea que hagas alianza con los habitantes de aquella tierra, y cuando ellos se prostituyan tras sus dioses y les ofrezcan sacrificios, te inviten, y tú comas de sus sacrificios; o que al tomar tú sus hijas para tus hijos y al prostituirse ellas tras sus dioses, hagan que tus hijos se prostituyan tras los dioses de ellas».
- 1 Corintios 7:12-16 el
autor de esta carta exhorta a los cristianos a no desligarse de su pareja
si esta es no creyente, pues su matrimonio puede ser medio de
santificación de esta, todo esto planteado bajo una invitación a la
libertad cristiana: «Pero a los demás digo yo, no el Señor, que, si un
hermano tiene una mujer que no es creyente, y ella consiente en vivir con
él, no la abandone. Y la mujer cuyo marido no es creyente, y él consiente
en vivir con ella, no abandone a su marido. Porque el marido que no es
creyente es santificado por medio de su mujer; y la mujer que no es
creyente es santificada por medio de su marido creyente; de otra manera
vuestros hijos serían inmundos, mas ahora son santos. Sin embargo, si el
que no es creyente se separa, que se separe; en tales {casos} el hermano o
la hermana no están obligados, sino que Dios nos ha llamado {para vivir}
en paz. Pues ¿cómo sabes tú, mujer, si salvarás a tu marido? ¿O cómo sabes
tú, marido, si salvarás a tu mujer?».
Entiendo que en lo personal este texto me habla sobre lo importante de tener un conocimiento autentico de la fe; conocer la persona de Jesús, su Iglesia, sus sacramentos, la tradición recibida etc. a fin de cuando llegue un momento de crisis en el que se me cuestione mi fe, pueda dar razón plena de la misma, no con palabras porque el mundo está cansado de esto, sino con acciones concretas. También es una invitación a la búsqueda de la misericordia divina, reconociendo la fragilidad humana que está presente sin importar el don o dones recibidos. Este texto me compromete a aprehender más la fe: fomentar más experiencias que me cambien y transformen, que lleven a un encuentro con lo que busca Dios de mi e imitarlo.
Este reato nos invita a observar la importancia de un
conocimiento autentico de la Iglesia, pues muchas veces en nuestras comunidades se
encuentran en territorios en donde se integran diversos grupos socioculturales y solemos comportarnos o igual o peor que ellos, sobre todo en esta época de elecciones constantes. El libertinaje y la falta de amor por lo sagrado no pueden estar
presentes en un grupo de personas llamadas a ser luz. Entiendo que el encuentro
con los que piensan diferente no debe ser ocasión de pecado sino de
evangelización para mi comunidad parroquial.


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